El
pequeño Troll
Aquí
en el norte, siempre han existido los trolls. Mucho antes de que
vinieran los hombres, los trolls habitaban en los bosques y las montañas.
Algunos tienen
tres cabezas, otros dos, pero la mayoría solamente tiene una.
Mucha gente
tiene miedo de los trolls. Creen que los trolls son malos. Pero los
trolls son exactamente igual que las personas. Unos son buenos y
otros son malos. Algunos son sabios y otros...no tanto.
Es
difícil ver los trolls porque prefieren vivir en paz.
Según ellos, las personas y sus máquinas son
tremendamente ruidosas. Por eso se esconden cuando alguien se acerca.
Permanecen sentados intentando parecer viejos troncos de árbol
o rocas cubiertas de musgo.
Sin embargo,
son amigos de todos los pájaros y animales. Siempre ayudan a
los animales enfermos o heridos. Cuando se pierde algún
cachorrito, a los trolls no les importa pasarse toda la noche
buscándolo. Y cuando la comida escasea, gustosamente invitan a
su casa a osos, alces y zorros para que coman con ellos.
Preparan una
gran cacerola de papilla de trolls.
Papilla de
trolls es lo único que comen. Por eso mismo es también
su plato favorito.

A los trolls
les gusta que los bosques y las praderas estén bonitos. Cuidan
de las flores y de los árboles e intentan mantener las cosas
lo más ordenadas posible. ¡Pero ésta no es una
tarea fácil!
Éste
es un cuento que trata de un niño troll llamado pequeño Troll:
"!Pequeño
Troll!" le llama su mamá. "!Ven ya a casa! ¡Que
se está haciendo de día!"
"!Un
poquito más, mamá!" dice el pequeño Troll.
"!Nos lo estamos pasando tan bien!"
"No",
dice mamá. "!Ven inmediatamente! ¡Es casi de
día! ¡Y ya sabes lo que esto significa!
Sabes, a los
trolls, les da miedo el sol.
El
pequeño Troll y sus padres viven en el interior de una
montaña. Tienen su entrada secreta detrás de un gran
pedrusco junto a un matorral de avellano.
Lo primero que
hace el pequeño Troll es comerse un plato de papilla. Luego se
lava los dientes con una ramita de pino. Y después...finalmente
se mete en la cama de pino en forma de cono.
Mamá si
sienta un rato a su lado, como siempre. Le canta un ratito.
Después hablan de lo que han visto y hecho esta noche.
Pero este vez,
lo único que quiere hablar el pequeño Troll es del
sol."¿Por qué es así? ¿Por qué
nos tenemos que esconder de él?"
"Unos
dicen que nos romperemos en pedazos y nos convertiremos en piedra si
nos da el sol. Otros dicen que nos derretiremos y nos convertiremos
en nada"
"!Eso no
es justo!"
"Pero
así es como es y como ha sido siempre. Y ahora, a dormir",
dice mamá acurrucándolo con la sábana de corteza
Pero el
pequeño Troll no quiere irse a dormir. Llama a su papá.
"¿Por qué es así, papá? ¿Por
qué nosotros, los trolls, no podemos estar al sol como los demás?"
Pero
papá únicamente mueve su cabeza grande y
desgreñada. "No lo sé", dice. "Pero
así es como es y como ha sido siempre. Y como te vayas a
dormir enseguida, esta noche estarás demasiado cansado".
Pero el
pequeño Troll no se puede dormir.
No para de
pensar en el sol. Esa gran luz del cielo, caliente y traicionera.
Despacito,
dirige su mirada furtiva hacia una pequeña rendija de la pared
de la montaña, y echa una ojeada.
!Todo es tan
bonito ahí fuera! ¡Todo está mucho más vivo
que por la noche!
Y se ven...animales corriendo y jugando. Al pequeño Troll le encantaría jugar también con ellos. Pero no puede. Porque podría deshacerse como una bola de nieve o explotar en mil pedazos. ¡No es justo!.
Piensa en todas las historias de miedo que ha oído acerca de los trolls que no tuvieron cuidado y no llegaron a casa a tiempo, o que fueron engañados por pequeños niños humanos que buscaban aventuras...
Recuerda el
montón de rocas al pie de la Montaña. "Eso es todo
lo que queda de nuestro antepasado", dice mamá cada vez
que pasan a su lado. Siempre señala lo que debió ser su
nariz y quizás una mano...
!Córcholis,
qué injusto!"
A la tarde
siguiente, el pequeño Troll se levanta temprano y sale por la
puerta nada más ponerse el sol. Apenas tiene tiempo para
atarse el lazo de la cola.
¡Ha
decidido que quiere una respuesta! Debe haber alguien ahí
fuera que le pueda contar algo más.
"¿Quieres
jugar?" le pregunta el alce.
"No tengo
tiempo", dice el pequeño Troll.
"Voy
contigo de todas formas", dice el alce.
Primero bajan
corriendo hacia la cascada.
El tío
Pechirrojo vive allí, bajo el viejo puente podrido. Al
tío Pechirrojo le encanta incordiar a todo el que cruza su
puente. Hace como si estuviera enfadado y fuera peligroso
"¿Quién anda pateando sobre mi puente?" vocifera.
Todos saben
que sólo está bromeando y que el tío Pechirrojo
le parece muy divertido ver cómo te asustas.
Pero una vez,
hace mucho tiempo, vinieron tres cabras que no conocían la
broma. Se la tomaron en serio. Terminaron tirando al tío
Pechirrojo al agua de un cabezazo antes de seguir su camino
montaña arriba hacia alguna cabaña. ¡Pobre
tío Pechirrojo, que no sabía ni nadar!.
Desde aquel día, ya no intenta reírse de las cabras. Lo que hay que hacer es decir "beeee" y estar callado...
Pero el
tío Pechirrojo tampoco le sirve de ayuda al pequeño
Troll. "¿Por qué no podemos salir de
día?" le dice, rascándose sus peludas orejas.
"Supongo que porque no..."
Pero el
pequeño Troll quiere una respuesta mejor que esa. Se va a ver
a alguien más viejo aún. Se va a ver a las hermanas
tontas de Peñasco Gris. Trolly y Trolla.
Ninguna de las dos hermanas tiene ojos en la cabeza. Sin embargo tienen uno grande que pueden sujetar con las manos, y que tienen miedo de dejar caer al suelo, porque sería tremendamente difícil de encontrar. Como sólo tienen un ojo entre las dos, tienen que andar muy juntas, agarrándose los rabos. Para ir hacia delante, lo hacen a turnos, por supuesto.
"No",
dicen las dos hermanas tontas. "No podemos ayudarte. Así
es como ha sido desde mucho antes de que naciéramos, y tenemos
más de trescientos años cada una. ¡Eso suma un
total de seiscientos años!".
"Pero,
¿a quién puedo preguntar?" exclamó el
pequeño Troll. "¿Seguro que no hay nadie mayor que vosotras?"
"Pregúntale
a Aguilobo", dicen las hermanas tontas. "Vive justo
detrás de la siguiente montaña y es mucho mayor que nosotras"
"¿Quieres
jugar?" pregunta el osito.
"No tengo
tiempo", dice el pequeño Troll.
"iré
de todas formas", dice el osito
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Los tres amigos corren por los bosques y las colinas. El pequeño Troll sabe que tiene que llegar antes del amanecer. Y ya está empezando a clarear por encima de las copas de los árboles...
Encuentran a
Aguilobo en las nebulosas aguas pantanosas. Va caminando
completamente encorvado, rastreando el fondo con la nariz.
"¿Qué
estás buscando?" le pregunta el pequeño Troll.
"Mi
corazón", dice Aguilobo. "¿Quién eres?"
El
pequeño Troll dice su nombre y le da saludos de parte de las
dos hermanas tontas. "Pero, ¿no deberíamos
ocultarnos en algún sitio?" pregunta. "Creo que el
sol está a punto de salir"
"!Dios
mío!", exclama Aguilobo. "!He perdido completamente
la noción del tiempo! Menos mal que has venido.
"Mira", dice levantando una roca plana. "Aquí
está la entrada a mi cueva.!Sígueme!"
Invitó
al alce y al osito a entrar, pero ellos prefirieron esperar fuera. Al
sol. "No es justo", dice para sí el pequeño
Troll, suspirando profundamente mientras se desliza hacia la
oscuridad. "!Córcholis!
Aguilobo le
explica que su familia desciende de una refinada familia de gigantes
de la costa oeste. "En nuestra familia", dice, "es
tradición no llevar con nosotros el corazón. De esta
manera, somos casi invencibles. ¡Es casi imposible que nos
maten, porque nunca llevamos con nosotros el corazón!
¡Hacemos todo lo posible por esconderlo en lugares inteligentes
donde los ladrones no puedan encontrarlo!"
"Y ahora,
¿no puedes encontrarlo ni siquiera tú?" le pregunta
el pequeño Troll.
"Eso
es", dice Aguilobo. "!He olvidado por completo dónde
lo escondí! Eso es lo malo..." Después aspira,
sonríe nerviosamente y prefiera hablar de otras cosas.
Cuando el
pequeño Troll le pregunta sobre el sol, Aguilobo le contesta
como los demás. "Así es como es y como ha sido
siempre", dice. "Pero hay un troll viejo y tonto, que vive
al otro lado del Gran Lago. Puede que él sepa algo más"
En cuanto
comienza a anochecer, el pequeño Troll vuelve a salir. El alce
y el osito le han esperado y ahora se les ha unido un pequeño zorro.
"Si
queréis podéis utilizar mi barca", les grita
Aguilobo. "Cuando lleguéis, empujadla río abajo.
Encontrará el camino de vuelta ella sola."
Detrás
de un pino, justamente al lado de las vías del tren, oyen a
alguien cantar. El pequeño Troll se para y escucha. Es una
canción curiosa. Es un poema sobre princesas. Pero la letra no
significa nada realmente.
Un troll alto
y flacucho está tumbado junto a los arbustos de
arándanos. Pega un salto cuando aparecen el pequeño
Troll y sus amigos. "!Madre mía!" exclama. "Por
un momento llegué a pensar que se trataba de una princesa!"
"¿Acaso
parezco una princesa?" dice el pequeño Troll
"No, no
exactamente. ¡Pero es que no puedo dejar de pensar en princesas!
Anda. Mira. ¡Ahí viene el expreso de la noche!"
Todos se tiran
al suelo y se quedan completamente quietos mientras pasa el tren.
"Pero,
¿todavía quedan princesas hoy en día?"
pregunta el pequeño Troll una vez que están todos en
pie otra vez. "¿No han desaparecido hace siglos? Al menos,
eso dice papá..."
"!Las
princesas nunca desaparecerán!" insiste el alto y
flacucho troll. "Quién sabe, puede que hubiera una en ese
tren que acaba de pasar. Una princesa con un vestido de seda blanco y
una corona de oro en la cabeza. ¡Exactamente como la de mis
sueños! ¡Exactamente como la que estoy esperando
aquí tumbado!" "Pero si quieres conocer a una
princesa, ¿no tendrías que salir al mundo?" pregunta
el pequeño Troll.
"antiguamente
no era necesario", dice. "Porque antiguamente había
miles de princesas bellas y orgullosas. Que esperaban ser hechizadas
por un verdadero troll. ¿Por qué no puede seguir siendo
así? ¿Por qué no pueda bajarse simplemente de ese tren?"
El
pequeño Troll no encuentra respuesta.
"De todas
formas, yo soy demasiado tímido como para ir a cualquier
parte", dice el otro troll. "Se me va la cabeza de
emoción. Lo sé porque he intentado cambiar.
¿Creéis que estoy aquí tumbado por
diversión? ¡Qué va! Estoy intentando acostumbrarme
al barullo de los humanos. Pero no me está saliendo muy bien.
Cada vez me duele más la cabeza. Aquí viene un tren en
la otra dirección. ¿Quizás venga en éste?"
Al fin el
pequeño Troll tiene la oportunidad de hacer su pregunta. Pero
el alto y flacucho troll tampoco le puede dar una respuesta
apropiada. Casi ni lo intenta. De lo único que quiere hablar
es de princesas. Pero al menos puede decirle a dónde ir: a la
siguiente granja de trolls. "Allí vive una vieja troll, y
ella ha visto y ha hecho casi de todo. Si ella no puede ayudarte,
nadie lo podrá hacer. ¿Tienes que irte ya? ¿No
podemos sentarnos un rato y hablar de princesas?
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La
siguiente granja de trolls es imposible de encontrar. Por la sencilla
razón de que es invisible. El pequeño Troll y sus
amigos oyen ladrar el perro de la granja. Oyen el mugido de las vacas
en la granja y el relinchar de los caballos en el establo. Pero no
ven nada.
De pronto, les
cubre una sombra. Una sombra con tres cabezas.
"Bienvenidos
a nuestra granja", dice una voz vieja y ronca.
"¿Qué
hacéis aquí?" pregunta otra voz
"!Fuera!"
dice una tercera.
Pero siempre
es la misma persona la que habla, una enorme y vieja troll con tres
cabezas. Y está claro que las tres cabezas no están de
acuerdo en nada.
"No
sé si podrás ayudarme", dice el pequeño Troll.
"Por
supuesto", contesta la primera cabeza.
"Eso
depende", dice la segunda cabeza.
"Desde
luego que no" grita la tercera cabeza. "No tengo
ningún interés en ayudarte.!En absoluto!". Y
entonces las tres cabezas empiezan a discutir.
El
pequeño Troll las escucha sentado durante mucho tiempo.
¡Córcholis! Piensa para si mismo. ¡Debe ser horrible
no poder ponerte nunca de acuerdo contigo mismo!
"¿Nunca
os ponéis de acuerdo?, pregunta finalmente.
"!Claro
que sí!" dice la primera cabeza.
"!No!"
dice la segunda cabeza.
"Me
importa tres cominos hablar con vosotros!" dice la tercera
cabeza, cerrando los ojos y también la boca.
Los animales
se acercaron al pequeño Troll para captar su atención.
"!Aquí nunca conseguirás una respuesta
apropiada!" le dicen. "Vamos, deberíamos pensar en
irnos a casa. ¡Nuestros padres deben estar preguntándose
qué ha sido de nosotros!"
"Subid a
mi espalda", dice el alce. "!Así podremos ir
más rápido!"
Y se adentran
en la noche bajo la brillante luz de la luna.
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Los
animales conocen un montón de atajos. Llegado el momento, se
paran y descansan en lo alto de una colina. A pesar de que al alce
está fuerte, también necesita descansar un poco las
piernas. El osito y el zorro recogen bayas para comer. También
hay suficiente agua en el arroyo. Pero el pequeño Troll
está trista. "Quizás nunca llegue a saber la
respuesta", dice con tristeza. "Pero ¡Córcholis.
Detesto que me digan que algo es así porque sí"
"¿Quizás
yo pueda ayudarte?" susurra de pronto una voz vieja y
quebradiza Ninguno consigue ver quién está ahí.
"!Estoy
harto de jugar al escondite!" grita el pequeño Troll.
"!Sal de ahí, quien quiera que seas!" "Pero yo
no soy invisible", dice la voz. "!Vosotros cuatro
estáis sentados en el centro de mi cabeza!"
¡Está
hablando la colina! "¿Pero quién porras eres?
Pregunta el pequeño Troll. "Soy un troll, exactamente
como tú!" contesta la colina. "Anda un poquito
alrededor de mi. ¡Entonces puede que me veas mejor!"
El
pequeño Troll y los tres animales dan una vuelta alrededor de
la colina. Al mirar con detenimiento, ven una nariz...y dos
ojos....!y una boca! Es un troll, uno muy viejo, cubierto de hierba,
de turba y de musgo. ¡Sobre él crecen incluso
pequeños arbustos!
"Pero,
¿por qué estás aquí sentado?" pregunta
asombrado el pequeño Troll.
"No estoy
sentado", contesta el viejo troll. "Estoy andando. Pero es
que me muevo tan despacio que nadie me ve. Tengo tiempo de sobra. No
tengo prisa".
"Pero no
parece que te esté moviendo" "!Eso es porque todo lo
demás se está moviendo demasiado rápido hoy en día!".
El cielo va
clareando por el este. El pequeño Troll sabe que tiene que
buscar refugio para el día.
"Si
tienes miedo del sol, te puedes juntar a mí", dice el
viejo troll. "Escóndete debajo de mi musgo y así
te sentirás más seguro"
Están
pegaditos el uno al otro.
"Tú
has vivido mucho tiempo. ¿Por qué los trolls tenemos que
escondernos siempre del sol?" pregunta el pequeño Troll.
"No
tenemos que hacerlo, ni mucho menos", dice el viejo troll.
"Eso es únicamente algo que creemos.!Mírame a mí!"
"Sí,
pero tú estás completamente cubierto de hierba y de
musgo y arbustos", dice el pequeño Troll. "Así
es que eso no vale".
"Nosotros
somos criaturas de la noche" dice el viejo troll."Hace
mucho tiempo, estábamos muy fríos. Éramos gnomos
de escarcha y gigantes de hielo. Peero de eso hace mucho tiempo. Al
principio del todo. Casi antes de nada. Porque somos los más
viejos. Nunca olvides eso, pequeño Troll. Nosotros
estábamos aquí antes que cualquier otro ser vivo. Somos
más viejos que el bosque, en serio, ¡casi tan viejos como
las montañas!"
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"Pero,
¿por qué no podemos estar bajo la luz del día?"
"Porque
hace miles de años, cuando los gnomos de escarcha andaban por
aquí, sus corazones también estaban fríos. Como
grandes pedazos de hielo dentro de su pecho"
"Y
¿cómo son ahora?"
El viejo troll
se ríe. "No creo que signifique bada hoy en
día" Su risa suena como una puerta que chirría.
"!Me
estás tomando el pelo!" grita el pequeño Troll
enfadado. "!Córcholis!! ¡Todos saben lo peligroso
que es dejar que te dé el sol!"
"Pero,
¿lo has probado?
"!He
visto de sobra lo que les pasa a los que lo han hecho! ¡Todo lo
que queda es un montón de piedras!"
"Eso era
hace mucho tiempo, cuando luchábamos y asolábamos como
salvajes ogros de montaña", dice el viejo troll.
"Cuando nuestras mujeres cabalgaban sobre lobos y usaban
látigos para los renos. Pero de eso hace mucho tiempo,
había tantos trolls malos y de corazón duro y
frío, que era horrible. Pero todo aquel que tenga pensamientos
cálidos, no debe tener miedo de nada".
"!Tonterías!"
El pequeño Troll está tan enfadado que está a
punto de irse, pero es demasiado tarde para encontrar otro refugio.
"Lo
único peligroso aquí fuera son las personas!, dice el
viejo troll. "Tienes que tener cuidado con ellas. Pero el
sol...al sol no hay que tenerle miedo"
"Eso es
muy fácil de decir", gruñe el pequeño
Troll. "!Tú no eres más que un gran macizo de
musgo!" No se quiere dormir, pero siente cómo sus ojos
comienzan a cerrarse y que le cuesta cada vez más permanecer
despierto. Después de todo, es casi mediodía.
"Tienes
que correr ese riesgo", dice el viejo troll. "!Tienes que hacerlo!"
El
pequeño Troll se tapa bien con el musgo y la turba. Ha
empezado a llover.
Llueve todo el
día y toda la noche. El pequeño Troll no se despierta
hasta que no llega el osito y le zarandea.
"Tienes
que levantarte ya!, le dice. "Estamos aún muy lejos de
casa". Los cuatro amigos se despiden del viejo troll y
continúan corriendo. A través del barro y de la lluvia.
Se arma mucho
revuelo cuando el pequeño Troll llega a casa. Todos han estado
buscándolo. Papá y mamá casi habían
perdido la esperanza de volver a ver a su hijo.
Primero le
abrazan, apretándole y besándole hasta que amenas puede respirar.
Y
después comienzan a regañarle. ¡menudo
sinvergüenza! Le gritan. ¡Cómo nos has asustado a todos!
"Ahora
mismo directo a la cama!! Grita papá.
"Pero
falta tanto para la mañana", exclama el pequeño Troll.
"Ahora
mismo a esa cama cónica de pino"
"!Y te
puedes quedar ahí una semana!" grita papá.
"Pero, es
que sólo quería..." dice el pequeño Troll.
"No hay
es que!" gritan papá y mamá al unísono.
Hacia el
mediodía, se desata una terrible tormenta con relámpagos
y truenos.
El
pequeño Troll se sienta en la cama sobresaltado. ¿No le
estaba llamando alguien? ¿Alguien que necesita ayuda?.
Mamá y
papá están durmiendo. No oyen nada.
Se vuelven a
oír los gritos ¡Son sus amigos animales!
El
pequeño Troll salta de la cama y corre hacia la grieta de la montaña.
Pero,
¿dónde están?
Si fuera de
noche, podría correr y buscarlos. Pero no puede. Porque ahora
es de día. Y, aunque está lloviendo. ¡aún
es de día ahí fuera!
¡Pero
ahora los ve!
La tormenta ha
tirado un árbol. Y el alce ha quedado atrapado entre sus
grandes ramas. El osito y el zorro están intentando soltarlo.
Ni la astucia del zorro ni la fuerza del oso son suficientes para
liberarlo. Y el alce grita tanto.
Muchos otros
animales llegan también corriendo para ayudar. Pero ninguno de
ellos puede mover el árbol derribado.
"!Esperad
a que se haga de noche!" les gritó el pequeño
Troll. "Entonces vendremos papá y yo a ayudaros"
El osito oye
su voz y se acerca a la montaña. "Entonces será
demasiado tarde, pequeño Troll", le dice con tristeza.
"El alce apenas puede ya respirar. Nadie puede sobrevivir mucho
tiempo sin respirar..."
Entonces es
cuando el pequeño Troll toma una decisión. Mi amigo
necesita ayuda, piensa. ¡Y si no haga nada morirá!
¡Tienes que correr el reisgo! ¡Atrévete! Eso es lo
que dijo el viejo troll...
Pero primero
se dirige al armario que está junto a la puerta. Ahí es
donde papá guarda su enorme y antigua espada y la poción
mágica heredada de su abuelo. La espada pesa tanto que
incluso papá tiene que dar un trago antes de cogerla. Cosa que
únicamente hace cuando quiere presumir delante de los amigos.
El
pequeño Troll da un gran trago. ¡Sabe fatal! Pero casi es
capaz de bajar la espada de la pared. Otro trago grande.
¡Córcholis!, qué malo está! Pero de repente
se encuentra lo suficientemente fuerte como para levantar la espada,
como si fuera un palito.
El
pequeño Troll coge la espada con las dos manos. Piensa en el
sol traicionero. En cómo puede hacer que un troll se rompa en
pedazos o se deshaga.
Piensa en el
viejo troll que dijo que no era traicionero, después de todo.
Pero sobre
todo piensa en el alce que necesita su ayuda.
¡Tienes
que arriesgarte! ¡Atrévete!
El
pequeño Troll traga saliva. Cierra los ojos. Y corre. Sale de
la montaña ¡A la luz del día! "!Allá
voy!" grita.
De repente
deja de llover. ¡El sol sale con fuerza!
El
pequeño Troll sube los brazos para protegerse. ¡Ya
está! ¡Voy a explotar!
Pero no pasa nada.
El
pequeño Troll cruza el pequeño claro del bosque. El sol brilla.
El
pequeño Troll alza la espada como si fuera un hacha. Le corta
al alce todas las ramas de peso. Gracias a la poción
mágica de papá, tiene poderes extraordinarios. Agarra
el tronco con las dos manos y lo levanta justo para que el osito y el
zorro puedan liberar al alce.
"!Viva!"
gritan todos los animales.
"!Viva el
pequeño Troll!" Y gritan con tanta fuerza que despiertan
incluso a los trolls.
"Qué
está pasando?" grita malhumorado un papá
gruñón. "¿Quién está tan
chiflado que se atreve a despertarnos en pleno día?"
"!Dios
mío, niño!" grita mamá. "¿Has
perdido el juicio?"
Pero el
pequeño Troll se ríe y les hace señas
"!Salid!" les dice. "El sol no es nada peligroso.
¡Da calor y se está genial!"
Los otros
trolls se quedan mirando, sin poder creer lo que están viendo.
¿Por qué no se rompen en pedazos? Se murmuran unos a
otros. ¿Por qué no se deshacen al sol? ¡Porque no,
porque nunca ha sido así!.
"Miradme",
dice cantando el pequeño Troll. Está bailando en el
claro con todos los animales. "Tenéis que arriesgaros. ¡Atreveros!"
"¿Qué
clase de troll es nuestro hijo?" gritan mamá y papá.
"!Madre
mía"! dice otro troll. "Quizás no sea un
troll. Ese niño siempre ha tenido algo raro..."
Pero poco a
poco se van envalentonando. ¡Se atreven! Primero uno,
después otro, luego muchos. ¡Hasta que todo el claro
está lleno de trolls, grandes y pequeños, mirando al
sol con los ojos entrecerrados y riendo!
Esa noche se
celebra una gran fiesta en el bosque. Una fiesta en honor del
pequeño Troll.
El alce le
regala un nuevo lazo para el rabo.
Mamá y
papá están orgullosísimos.
El mismo Rey
Troll pronuncia un discurso en su honor.
"!Durante
miles de años nosotros, los trolls, hemos huido y nos hemos
escondido cada vez que salía el sol!" dice el Rey Troll.
"Pero ahora, gracias al pequeño Troll, podemos salir
cuando queramos. Porque ahora sabemos que únicamente los que
tienen un corazón duro, frío y malo se romperán
en pedazos. Aquellos que tienen un corazón cálido, no
deberán temer al sol. Y los que tienen buenos amigos y
además son buenos amigos de otros. ¡no deberán
temer a nada en el mundo!"
Y desde aquel día, los trolls andan por ahí tanto de día como de noche. Porque son como todos nosotros. Unos son buenos, y otros son malos. ¡Pero nadie es tan malo como para romperse en pedazos!
...Y
colorín colorado este cuento se ha acabado.
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Por Tor Äge Bringsvaerd